Obituario (Living Authors)

Macorges,” una invitación al bufé del plagio

 A pesar de la fuerte influencia de la tecnología en la difusión de la información en la vida contemporánea, los derechos de autor siguen vivos a través de estrictas leyes y códigos internacionales. El plagio, se le recuerda al estudiante al principio del semestre en cada clase universitaria, es una “ofensa” y puede devenir en acciones legales. Además, ¿con qué intenciones un estudiante no citaría al autor de un texto sabiendo que puede reprobar el curso si no sigue las líneas establecidas para la escritura de un ensayo? Todo parece ser muy simple – el MLA, APA, Chicago, etc., cada cual con su propio manual disponible en línea, son recursos al alcance de cualquier estudiante o intelectual. O por lo menos eso es lo que pensamos…

La literatura, leemos en los tres autores argentinos – Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar – que plagiamos en este proyecto, es mucho más que el escrito sobre la página de papel (o del monitor). “Macorges” es un texto que ha sido la fusión de citas directas de escritos sin citar a los autores en la “versión virgen.” Es decir, es un plagio redondo y claro. Sin embargo, si nos atenemos a lo que argumenta Cortázar en Rayuela, que “todo es escritura, es decir fábula” (388), podríamos argumentar que la literatura es la recíproca búsqueda del lector y el autor. En otras palabras, la literatura sirve de puente para formar una relación abierta. La lectura no es un acto solitario, sino que al contrario, se basa en una proyección de confianza. El lector abre su mente al escrito, y el autor, a través del texto, comparte con el autor.

Imaginemos, por un momento, una cena entre nosotros, los “lectores,” con los “autores.” ¿Anunciamos cada vez que alguien toca un alimento que están comiendo algo que Borges preparó en su cocina? ¿Se puede considerar un plagio que Cortázar no le informó a su mamá que iba a cocinar el asado argentino a la manera maternal? Para complicar más las cosas, ¿es un plagio disfrutar de la comida en un ambiente de amistad sin la necesidad de “saber” por qué Macedonio quiso hacer postre y no un entremés? No obstante, es mi opinión que poco le importaría a Macedonio qué hagamos con su postre. Igual lo podemos comer en la ensalada.

Un bufé parece ser conveniente para establecer la analogía entre literatura y comida porque es la decisión de cada quien hacer su propia mezcla en el plato. La comida, como experimentamos cada día, es un ciclo que implica la muerte para convertirse en vida nueva. Plantas y animales mueren para alimentar a otros. Sin embargo, si la comida se degenera en gula es el ávido comelotodo quien sufre al final y pone al filo del abismo el ciclo natural de la cadena alimentaria. De igual manera, la relación en la lectura es sensible y se ubica entre la vida y la muerte porque son estos textos creativos los que invitan a su muerte para poder dar paso a vida nueva en la mente del lector.

“Macorges” es un bufé abierto al estilo “potluck,” para compartir entre amigos. No importa quién cocinó o quién no comió. Lo importante es la relación que se forma en el acto de digerir las mezclas de las especias con los granos, carnes y verduras. ¿Un plagio? Tristemente se está convirtiendo en eso, con grandes compañías intentando patentar semillas y alimentos. Sin embargo, la literatura sigue presente para subvertir la hegemonía del mandamás y lanzarle en su cara el delicioso pastel que Macedonio había dejado para el final. Para ellos son siempre los finales… Nosotros, seis lectores/autores de “Macorges,” seguiremos tratando de digerir los apetecibles entremeses que Borges copió del libro de recetas de Macedonio, y que Cortázar dirime con un poco de vino.

Vino rojo sobre mantel blanco

Una reunión de letrados, letrados en madrugadas, donde las ideas se lubrican a base de sorbos y cada sugerencia suena más emocionante que la anterior. Las copas comenzaron a rebosar las poéticas legadas por éstos, ahora parásitos de nuestras vidas: Macedonio, Cortázar y Borges. Nos faltaba encontrar el grial donde verter el cóctel de estas tres formas de entender la lectura. Un combinado de paladar espeso y sabor indeterminado, de estos en los que mueves y paladeas la lengua tratando de definir a qué sabe y vuelves a probar y en esa búsqueda de sabores te pierdes hasta la ebriedad.

Macorges es vino derramado sobre el mantel, una mancha roja que va creciendo, extendiéndose entre las fibras de forma inexorable, recorriendo el tejido, contagiando los hilos contiguos, dibujando un trazo caprichoso e impredecible. Las fibras de hilo blanco se colorean en una bacanal carmesí y en una mirada microscópica observamos cómo el trenzado de los hilos absorbe el licor y lo conduce entre sus tramas, encarnando la blancura de rojo escarlata.

La sangría estaba lista, nos habíamos empleado a fondo en desmembrar a los miembros del club y sus ideas estaban derramadas sobre la mesa. Como nuevos quirománticos en los que nos hemos convertido tras un largo proceso de reeducación lectora, debíamos dar luz a esas formas que el vino dibujaba sobre el lienzo. Los primeros dibujos dejaban distinguir palabras como existencia, realidad, irrealidad, vida, muerte, pasado, presente, tiempo… Una conjunción de voces que articulaba un concepto existencialista que debía traducirse en formas de aproximarse a la lectura. Lo primero que necesitábamos era un texto que recogiese las voces de todos los miembros del club: Macedonio, Borges, Cortázar, Barthes, Derrida y Foucault. Así que nos convertimos en ladrones de ideas y en base a ese concepto de “existencialismo”, elaboramos un texto collage compuesto por extractos de las obras de los miembros. Como un puzzle de cientos de piezas, fuimos dando forma a nuestra obra, encajando cada fragmento para darle cohesión y continuidad. Pero la mancha del rojo caldo continuaba extendiéndose sobre el tablero, revelando nuevas formas que debíamos descifrar. Una primera aproximación debía partir del contraste en las formas de lectura. Así que era necesario mostrar un acercamiento al texto de un modo tradicional. Como diría Macedonio, “para el lector seguido”. Un texto virgen hecho a partir de extractos de otros textos, sin pistas, sin pies de página, donde queríamos enfatizar la importancia del propio texto, basándonos en las ideas de Barthes que ensalzan al lector como figura protagonista en el acto de lectura. Un pliegue en el mantel bifurcaba el recorrido del licor ramificando el dibujo y revelando las ideas de Macedonio y Barthes sobre el más allá de lo que se ve. Una aproximación que se traduce en el contenido cultural que encierran los escritos. Un amplio bagaje de citas y referencias, ideas provenientes de la metafísica, la filosofía, el arte y la cultura general. Esto nos permitiría alterar el texto virgen con enlaces a fuentes externas que iban a transgredir la pureza de la escritura, aportando un sin fin de imágenes y conceptos. Una tercera forma revelaba las ideas de Foucault sobre la relevancia del autor, las connotaciones del nombre propio y la influencia del conocimiento de la identidad del que escribe. Esto nos llevó a pensar en un texto elaborado a través de referencias bibliográficas. Brindamos al lector una guía que le permitiera saber de dónde proviene cada pieza que conforma el puzzle del texto y conectamos cada pieza con una base teórica que apoyase y justificase la naturaleza de nuestra creación. Y llegados a este estado de embriaguez, el espíritu de la expresión artística se apoderó de nosotros. La última aproximación debía contener una interpretación personal del texto creado. Un acercamiento que contextualizase el texto en un marco subjetivo. De aquí surgió la idea de convertir el texto en un diálogo entre dos personajes que debatiesen sobre el concepto inicial de existencialismo. De esta forma nos convertíamos en lectores de nuestro propio texto y brindábamos una traducción de las ideas contenidas en él. Logramos este acercamiento a través de la dramatización del texto recogida en un documento audiovisual por el cual el lector podrá contemplar una de las infinitas posibilidades que otorga el proceso de lectura.

La gran mancha dionisiaca ha inundado las telas vírgenes, deambulando y dejando rastros de su paso. Un recorrido por las vanguardias de la poética, que muestra que un texto es una obra infinita, con tantos significados como aproximaciones y que nos muestra que a veces es bueno perderse para encontrar nuevos lugares.

Advertencia: La siguiente reflexión es una propuesta de lectura, una más de la infinidad de posibilidades que hay para acercarse, percibir, reflexionar a MACORGES el proyecto. No es la correcta, ni la errónea… simplemente es una más.

 Macorges, las mil y un lecturas.

Menard (acaso sin quererlo) ha enriquecido

mediante una técnica nueva el arte detenido

y rudimentario de la lectura

Pierre Menard, autor del Quijote, Jorge Luis Borger.

Esta reflexión sobre macorges el proyecto está direccionada hacia el proceso de lectura y el lector. A lo largo de la realización del proyecto me cuestionaba si éste era realmente relevante. Después de llevarlo a cabo la respuesta me resultó evidente… El valor de macorges está en la invitación que hace al espectador de hacer un sinfín de lecturas. El texto marcogiano necesita del aliento del lector para cobrar vida, para lograr salir del blog y ser reinterpretado a través de múltiples lecturas. Pero habría que advertir que, la interpretación dependerá en gran medida del papel que desee desempeñar el espectador, como nos lo ha advertido Macedonio Fernández con su lector salteado, o como Julio Cortázar nos lo hace saber a través de su concepto de lector hembra. Es decir, la decisión de interpretar de una manera activa o pasiva el texto está en las manos del lector.

Macorges –tal vez sin quererlo– está fuertemente influenciado por la estética de la recepción. Ésta es el resultado del cambio de paradigma que se da en la teoría literaria a finales de los años sesenta, el interés se desplaza del autor y de la obra a la interacción entre texto y lector. Roland Barthes en su ensayo “La muerte del autor” da una nueva interpretación al concepto de autor. Plantea que un texto es una reconstrucción, un reescrito, es por ello que el autor metafóricamente muere. Barthes afirma que la idea de autor tiene que ver con el gesto de apropiarse de las ideas. En este punto aclara que, los textos no son propios de cada persona, pertenecen a la historia, a la cultura en general. Por lo tanto, explica que el texto es una reescritura, es un tejido de citas donde se mezclan todas las culturas, se reescribe y se reactualiza, dejando de ser una categoría fija. Por lo tanto para Barthes el texto es un entretejido de citas que vienen de distintos tipos de culturas. En este sentido macorges es un claro ejemplo del concepto de autor que plantea Barthes. Pues en la entrada “Museo – the text” el lector encuentra un texto que carece de autor. El texto de macorges es un tejido de citas que provienen de diferentes obras literarias de Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar, como se puede constatar en la tercera entrada del blog “enciclopedia”.

Siguiendo con la idea de estética de la recepción, ésta estudia tanto el proceso histórico de recepción como el efecto que produce la obra durante la lectura. La primera línea es impulsada por los trabajos del medievalista alemán Hans Robert Jauss, quien pretende elaborar una historia de la literatura desde la perspectiva del lector; la segunda, por Wolfang Iser, quien realiza un análisis del proceso de lectura individual, del efecto de la obra sobre el receptor. Afirma que el texto literario, como una estructura apelativa, se constituye para ser leído, por lo que en sí propone una ruta de lectura. Por este tipo de configuración se entiende “el conjunto de elementos intratextuales cuya función básica consiste en exigir la participación del lector, quien de ese modo se ve apelado o llamado a completar el sentido del texto”[1]. Concibe al receptor como un punto que se desplaza incesantemente, que proyecta expectativas (protención) a partir de lo ya leído (retención). Igual que el precursor de la teoría de la recepción, Roman Ingarden, propone que quien dialoga con la obra completa los puntos de indeterminación presentes y genera nuevos. Por tanto, la lectura es un acto creativo, en que el sujeto contemplador se convierte en co-autor. Esta idea de texto nunca concluso y siempre por reinterpretar es la invitación que hace macorges, pero es importante destacar que la interpretación que haga el lector del texto está en gran medida determinada por la enciclopedia –conocimiento, bagaje, o como deseen llamarlo– que tiene consigo el lector. Este es el motivo por el cual se ha decidido crear la entrada “laberinto – links” en el blog. La idea de esta parte del proyecto es darle herramientas teóricas al espectador  para que pueda enriquecer la lectura del “museo – the text”.

Para la Estética de la recepción, cada texto se actualiza en diferentes objetos estéticos de acuerdo a la comunidad de lectores en que se comprende. “Los miembros de una colectividad tienen en común unos valores y es a partir de ellos como se produce el enjuiciamiento de la obra literaria y también es desde esos valores que se le asigna un significado a esa obra determinada”[2]. Un texto puede tener múltiples posibilidades de actualización, ya que aún dentro de una misma época hay lectores diversos. Viñas Piquer enfatiza que valorar la obra desde su época permite reconocer la importancia que el horizonte de expectativas tiene en la percepción de los fenómenos culturales y, por ende, literarios, no obstante, también conlleva comprender los factores extraliterarios que impactan en la construcción del horizonte. Durante la lectura, caracteriza dos tipos de recepciones que están en juego: la efectual, es decir, aquella concretización o concretizaciones construidas en el devenir histórico condicionadas por el texto, y la del destinatario.

Para finalizar, me gustaría cerrar mi reflexión con una cita:

“La literatura y el arte sólo se convierten en proceso histórico concreto cuando interviene la experiencia de los que reciben, disfrutan y juzgan las obras. Ellos, de esta manera, las aceptan o rechazan, las eligen y las olvidan, llegando a formar tradiciones que pueden incluso, en no pequeña medida, asumir la función activa de contestar a una tradición, ya que ellos mismos producen nuevas obras”

En las palabras de Hans Robert Jauss podemos reconocer el lugar privilegiado que le da al lector, esta manera de concebirlo se da en macorges, en la medida que es el lector quien decide como abordar al blog, en qué orden leerlo, que links ver o leer, o que entradas ignorar. Macorges es un texto interactivo que está abierto a las posibles lecturas que quiera hacer el lector.


[1] Vital, Alberto. El arriero en el Danubio, Recepción de Rulfo en el ámbito de la lengua alemana. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1994. p. 21

[2] Viñas Piquer, David, Historia de la crítica literaria. Barcelona: Ariel, 2002. p 497.

                                                        The Indexical Text

Desde el comienzo del curso Poéticas de la escritura y lectura: Macedonio Fernández, Jorge Luis Borges y Julio Cortázar y a lo largo de cuatro meses se ha discutido sobre los complejos fenómenos de escritura y lectura presentes en las obras de los tres importantes escritores argentinos. A través de recientes textos de la filosofía y la crítica literaria que tratan de la relación entre autoridad, escritura, lectura e interpretación se ha podido analizar la complejidad poética que los tres autores argentinos fueron capaces de crear y transmitir a través del lenguaje.

El texto Macorges plantea infinitos temas, problemas, observaciones y posibilidades ya que se trata del resultado de las múltiples lecturas, cuestionarios, discusiones e interpretaciones hechas a lo largo del curso. En Macorges está el texto y el no texto, está toda una enciclopedia infinita de conocimientos, es decir, están: Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; Continuidad de los parques; La escritura de Dios; Borges y yo; El jardín de los senderos que se bifurcan; Pierre Menard, el autor del Quijote; The Critic as Host; Différance; Phenomenology of Reading; Of Grammatology; The Refiguration of Social Thought… etc. Aunque las mencionadas obras no aparecen textualmente en Macorges se pueden apreciar porque las palabras del texto juegan el papel de referencialidad, es decir, en Macorges existe un conjunto de palabras que refieren a otros ámbitos del conocimiento como la música, la ficción, el teatro, el cine, la arquitectura, la literatura, la pintura, la escultura, la agricultura, la piscicultura y todas las turas de este mundo.

Dentro de la infinidad del texto hay una inestabilidad continua, es decir, cada frase pertenece a un texto que al mismo tiempo éste refiere a otro texto y así sucesivamente. Se trata de un sinfín encadenado proceso – lo que Jaques Derrida en su obra titulada Of Grammatology llama “chain of signification” (184)- que genera una inestabilidad del significado en el propio texto Macorges. Dicho de otra forma: en Macorges existe una dificultad para determinar el significado y esta dificultad genera la imposibilidad de un único significado, y por lo tanto, existe algo más allá de las palabras que Jaques Derrida llama “Transcendental Signified” (Derrida, 49).

El significado transcendental es responsable del crimen que se comete en Macorges, pero cabe preguntarse: ¿qué tipo de crimen hay dentro de Macorges? En el texto Macorges se ejecuta uno de los crímenes más atractivos que se puede realizar en la literatura. Se trata de un asesinato paralelo del autor[1] y su propio texto, y para ello se realiza “a deconstructive strategy” (Miller, 22), que se constituye en dos intervenciones: Primero se ha llevado a cabo, literalmente, la deconstrucción de varias obras, es decir, se han cortado frases, párrafos de las obras y después fueron estudiados los múltiples textos para así generar el texto Macorges. La segunda operación consistió en el sacrificio del autor para dar paso al autor grupo, es decir, se trata de un texto que no tiene un único autor sino un grupo de autores. Este sacrificio se justifica así mismo por el efecto de la complejidad poética que la obra Macorges produce en el lector. El autor se entierra en el lenguaje ofreciéndole al lector un mundo construido por el lenguaje, es decir, el asesinato da nacimiento al lector capaz de interpretar el lenguaje.

En definitiva, el texto Macorges es siempre infinito, en constante referencialidad indexical y está en motion, es decir, que despierta el conocimiento haciendo generar preguntas sobre la complejidad poética de la literatura y sobre la relación entre autoridad, escritura, lectura e interpretación. El texto referencial, Macorges, es un texto encadenado, interminable ya que cualquier lector puede colaborar y añadir nuevas referencias, pero para ello se debe seguir la misma estrategia deconstructivista. El texto referencial es una máscara que esconde la teoría deconstructivista que despierta la curiosidad en el lector para abrirse a nuevos modos de pensamiento y crítica diferentes a la corriente clásica. Futuros estudiantes de la misma clase podrán colaborar y expandir el texto Macorges creando así un nuevo género de Wikipedia o una enciclopedia del conocimiento.


[1] El autor: es el generador de discursos “founders of discursivity”. Véase: What is an Author? Michel Foucault.

Bibliografía

Derrida, Jaques. Of Grammatology. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 1976.

Joseph Hillis, Miller. “The Critic as Host” Critical Inquiry 3.3 (1977): 439-47.

 

Construyendo Macorges

Lo que me resalta, antes de todo, en mi reflexión sobre Macorges lo destaca mejor Roland Barthes en su ensayo The Death of the Author.  El tema de interpretación y repetición se ha repetido varias veces en mis lecturas de Macedonio, Borges y Cortázar y se junta con la idea de Barthes: “that literature is itself this special voice, consisting of several indiscernable voices, and that literatura is that neuter, that composite, that oblique into which every subject escapes, the trap where all identity is lost, beginning with the very identity of the body that writes”. Las citas, en si mismos, eran escogidas en un proceso colaborativamente complicado, tomando en cuenta que las citas eran representativas de diferentes formas de entender el cuestionamiento de la existencia. Mi visión de este texto, o quizás mi interpretación de este texto, se acerca más a la idea que destaca Barthes, una visión del lector más completa pero difícil de capturar (como todas las ideas complejas), la percepción del lector en su enfrentamiento al texto, que cambia con cada diferente lector, y, a veces, cambia en diferentes momentos en las vidas de los lectores.

La idea de literatura como algo compuesto es algo que veo en nuestras versiones de Macorges. Este texto esta escrito por varios autores, no solamente esos autores ‘originales’ de donde vienen las citas, pero también nosotros, los nuevos autores. Tomamos la decisión de escoger ciertas citas por nuestras opiniones personales que eran centradas en un tema de cuestionamiento, luego decidimos entre nosotros como interpretarlos. Este proceso, entonces, es escribir? O reescribir? O construir (llamándolo algo distinto)? (quería añadir la palabra “construir” porque nuestro proceso nos llevo a tener una parte corporalmente activa, o era en nuestra combinación física de las citas, o interpretaciones teatrales). Pero, hasta cierto punto todo los autores/lectores no hacen lo mismo? Los autores no toman decisiones de incluir o no-incluir ciertas cosas dependiendo en su formación personal? También, el lector no esta guiado en su manera de ‘escribir’ o ‘entender’ el texto por sus propias percepciones? En estas preguntas, obviamente retoricas, quería demostrar la necesidad de entender las inagotables interpretaciones que se podrán hacer de Macorges, que no podemos fingir que solamente hay una manera de ver las cosas.

Tantas veces nos perdimos en la lectura, en el río que nos hunde, que nos toma y nos lleva. Pero, estos autores empujan esta noción, tratan de rescatar el lector hundido, traerlo otra vez a la orilla, a la tierra. Esta existencia nos lleva a un mundo inexistente (no como el mundo no-existente de Macedonio), pero un mundo dentro de nuestra conciencia que no participa en la vida de carne y hueso, pero que participa en el ‘más allá’. El lector pasivo esta listo para dejarse llevar, el lector activo esta preparado para tomar una posición tan activa que sí lo puede llevar a otras partes, la diferencia es que es un viaje activo – él tiene poder en su viaje y decide. La percepción es importante en este viaje, este viaje solamente se puede dar en relación con experiencias y los conocimientos particulares de cada lector, de cada escritor (referencia a Barthes).  Claramente el lector puede escoger su manera de leer, puede ser “el lector hembra” de Cortázar, un lector pasivo que sigue la lectura cronológica, cuya definición ha sido parte de nuestro vocabulario a lo largo del tiempo. También, podrá asistir en ser el “lector salteado” de Macedonio, que propone un lector que colabora con el autor, que no se deja engañar en el cuestionamiento de la existencia real de los personajes (hablando en particular de Museo de la Novela de la Eterna). El lector puede tomar su posición pasiva que se introduce fácilmente en el mundo de los personajes, o  ser un lector que rechaza la manera de leer, impuesto por la sociedad, y sale de las normas narrativas, y no se deja engañar en el romance que es escaparse en la ficción. Tal vez el lector quiere estar guiado por el narrador y seguir pasos no tradicionales en la lectura, o quizás una combinación de estas opciones. Lo significante se acerca, otra vez, a la habilidad de escoger, la libertad de interpretar como uno quiere. Pero todo tiene limites, y puedo plantear la idea que aunque tenemos la libertad de escoger, es importante recordarnos que estamos formados por nuestras percepciones y referencias personales ya hechas – las cuales cambian en un cierto sentido u otro.

Nuestras interpretaciones demuestran esta tensión entre referencias y literatura. El texto virgen, en sí mismo, esta compuesto de citas de tres autores, el laberinto añade enlaces para llevar al lector a referencias culturales y sociales a ciertos temas, palabras o frases, mientras el enciclopedia muestra las teorías debajo del texto. Todas estas interpretaciones mezclan percepción y referencia en un texto literario.

El texto, físicamente, esta determinado – palabras en una pagina (o quizás varias paginas), sea en una computadora o papel. En leer el texto, todo cambia. El lector, que escoge su manera de leer, conscientemente o no, le pone a trabajar el texto y las palabras entran, se refieren a ciertas cosas y presentan algo al lector – claramente el texto, ahora, esta transformado por el lector y en realidad en otra cosa no-física, que antes no existió. 

Technology for Dummies

Mientras Derrida me atormentaba día y noche, yo me consumía en la agonía de no saber cómo aproximarme al enrome bagaje teórico, al igual que a algunas de la poéticas de lecturas que veíamos en clase. Fue gracias a la inspiración que compartimos en una reunión, similar a aquellas del Club de la Serpiente, que finalmente sentí que se allanaba mi camino. La sugerencia mutante que había nacido de nuestra reunión pareció no solo ser genial, sino que en particular para mí, era la perfecta y más idónea manera de aproximarnos a los que consideraba (es posible que alguien comparta mi sensación) mis verdugos: Borges, Macedonio Fernández y Cortázar.

“Macorges”, mediante su invitación al plagio y su incesante juego para alcanzar el cielo, me han permitido no solamente una diferente aproximación a los textos, sino una completa y casi “holística” comprensión de la teoría también. Nuestro mutante, y su desarrollo, ha engrandecido y complementado mi conocimiento, aunque por igual han creado nuevas dudas e interrogaciones; supongo que eso es exactamente lo que debían de hacer. Poniendo a un lado a mis verdugos (aún si después fueron mis/nuestros cómplices), creo que es de suma importancia notar que el desarrollo de nuestro mutante fue digital; y es en ese peculiar aspecto que por igual “Macorges” me ha iluminado.

Desde hace algunos años había notado que la tecnología y yo éramos cual el agua y el aceite. A pesar de que manejo de manera muy eficiente ciertos aspectos de Word, debo admitir que el retraso tecnológico en cuestiones de blogs, páginas web y otros “gadgets” modernos es vergonzoso. Es así que “Macorges” me ha permitido una doble aproximación, puesto que no solo me ha permitido comprender las poéticas de la lectura, sino que también me ha permitido participar en la creación de un blog que enmaraña, teje y entreteje redes de conocimiento y de información.

Este laberinto de información y su base enciclopédica, han logrado que la complejidad tecnológica que yo veía como imposible se desenvolviera como accesible y sencilla. De manera rápida y eficaz el blog fue tomando sentido, forma y dirección al mismo tiempo que yo veía que posiblemente la tecnología y yo podíamos ser algo mas solubles de lo que yo había creído. La organización y estructura del blog, al igual que la dedicación y conocimiento del equipo macorgiano, desenmascararon los misterios teóricos y lograron que no solo comprendiera harmoniosamente las poéticas sino que lograse aventurarme sin miedo dentro de este ámbito virtual también. Podría decirse que, finalmente, deje de sentirme “La maga” para finalmente volverme un miembro total del Club de la Serpiente (un club virtual posiblemente).

Este proyecto macorgiano ha sido ciertamente un excelente proyecto teórico, poético y digital. Puedo inclusive decir que podría llegar a ser parte del culture plex; aunque al igual que Dulcepersona podría por igual quedarme en le estancia de la no-existencia. Ya sea la una o la otra, he logrado comprender a Borges, Macedonio Fernández y Cortázar al igual que el desarrollarme como una persona cuasi “technologically savvy”. Concluyo creyendo que este proyecto no solo fue la mutación, aproximación, interpretación, reinterpretación, construcción, reconstrucción, deconstrucción y finalmente comprensión de un texto, pero también un excelente manual y acercamiento a la tecnología. Creo que es lo mejor de los dos mundos, el virtual y el académico, al igual que, en mi caso, mi propia y muy estimada guía para dummies.

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